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Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta.
Orson Welles

Miradas


Egon Schiele
Plastica

Dueño de una fuerza asombrosa, las pinturas de Egon Schiele provocan en quien las mira un extenso, intenso y ecléctico abanico de sensaciones. Desde el asombro, la incomodida, el deleite, la tensión hasta los cosquilleos de estar viendo a la muerte y al erotismo danzando al ritmo de trazos, colores y formas. Discípulo del genial Gustav Klimt, en los cuadros de Schiele se traslucen y transmiten imágenes, técnicas y modos que lo acercan a su maestro pero aún en los momentos de mayor acercamiento, hay algo en su obra que se escapa de cualquier posibilidad de quedar contenida en el discurso del homenaje, en el de la influencia invevitable o en el de la identificación ciega. Recorriendo algunos de sus muchos caminos, selecionamos para los lecotres de ENEUR, una serie de obras que recorren los ejes de la obra de Schiele: el paisaje urbano, los cuerpos desnudos, los árboles y los autorretratos.

Egon Schiele (Tulnn, Austria, 1890 - Viena, Austria, 1918). Discípulo y amigo de Gustav Klimt, se lo consideró parte de la elite intelectual austriaca. En sus 28 años de vida logró escandalizar a la sociedad de su época, exhibiendo pinturas de desnudos que fueron considerados pornográficos. En una Europa asolada por la Primera Guerra Mundial y las pestes, entre ellas la llamada peste española, murió poco tiempo después que su esposa y que su amigo y maestro.

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Aspix
Fotografías

Nacido Carlos Giustino, fue uno de los más privilegiados cazadores de imágenes de la movida del rock argentino de los años '80 cuando, bajo el mote de Aspirineta, capturó algunos de los momentos más inolvidables de músicos como Charly García, Luis Alberto Spinetta, Luca Prodan, Indio Solari, Miguel Abuelo, Andrés Calamaro y una lista interminable, recorriendo el espinel de uno de los momentos de mayor agitación cultural en Buenos Aires. Cualquiera que le haya prestado atención a tapas emblemáticas de las revistas de rock de aquellos años habrá tenido en su cuarto, en su carpeta de colegio, o bien llevará en el recuerdo, un instante registrado por la cámara de Aspix. Desde antes y hasta ahora, el ojo inquieto de Aspix no ha dejado de retener imágenes que tienen paisajes, retratos, objetos, escenas con muñecos y otras experimentaciones, dentro de su catálogo. Para esta oportunidad, elegimos una serie de paisajes, quizá su costado fotográfico más inesperado, aquel en el que el recorte del ojo no ha estado dirigido hacia otra cosa que no fuera el puro placer de fotografiar.

Aspix (Buenos Aires, 1960). Recuerda haber hecho alguna exposición en algún sitio festejando el cumpleaños de Pipo Lernoud y haber tenido la fortuna de ganarse unas bermudas en un sorteo de Alternativa Gratis. Fue invitado por el Museo del Bicentenario y el Museo Reina Sofía de Madrid a exponer sus imágenes del rock de los años '80, algunas de las cuáles ha compilado en su libro "Rock Argentino en los 80 - Volumen 1".

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Un informe sobre la banalidad del amor | Manuel Iedvabni

por Andrea Barone

Dividida en cortes temporales se despliega esta obra escrita por Mario Diament que se inicia con el encuentro de Hanna Arendt y Martin Heidegger en la universidad de Marburgo, en 1925, recortándose luego en otras cuatro escenas (1926, 1930, 1933, 1950) teñidas por el ascenso y caída del nazismo. En la primera escena, ella, su alumna y admiradora, presenta un escrito sobre Platón que atrapa a su profesor, este es el punto de partida de una compleja historia de amor, de un devenir su pequeña Hanna, su amante. Atravesando distintas épocas y cruentas vicisitudes para esos sujetos, pero a pesar de eso sosteniéndose como tal, como una historia de amor, que en un punto se mantiene incólume a lo largo de los años, más allá de posiciones políticas, desacuerdos y elecciones desencontradas, a pesar de cada uno de esos sujetos.

Con una puesta despojada y precisa, tan solo un escritorio, una cama de época y algunos otros objetos; con dos actuaciones excelentes, un Osmar Núñez dándole cuerpo a Martin, a ese gran filósofo -con su complicada posición, sus complicidades con el régimen nazi- en las distintas épocas de esta historia -flaqueando un poco solo al final, donde le falta una pizca del peso de los años, del ser defenestrado y despojado, en el cuerpo-. Y una gran actriz como es Alejandra Darín, poniendo en escena a Hanna, filósofa judía alemana -nacionalizada estadounidense- que ha producido quiebres, rupturas. La encarna de un modo cautivante, con su fuerza, sus cuestionamientos, sus pasiones, posiciones, reflexiones y miserias, atravesando su exilio y aún su amor por Martin.

Sin moralina ni adoctrinamientos de ninguna índole, de un modo preciso y precioso, con muy buenas líneas de texto, esta obra pone en escena el encuentro de esos dos grandes sujetos que han hecho historia, que aún están presentes en la historia, y, fundamentalmente, el sinsentido, las sinrazones del amor.

El Tinglado | Mario Bravo 948 | Almagro | CABA | Argentina
Tel: 4863-1188
Viernes y Sábados 20:30 hs.

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Reversiones y pasajes del hombre murciélago

por Martín Jali

En la novela gráfica Knight fall -traducida aquí como La caída del murciélago- Bane no solo derrota a Batman, sino que lo deja moribundo, sangrando y con la espalda rota en el medio de una avenida de Ciudad Gótica. Lo que sigue después es la lenta recuperación de Bruce Wayne, recluido en su mansión durante meses bajo un estricto tratamiento médico, hasta su renacer, tanto físico como espiritual. Recuerdo especialmente una viñeta donde Alfred y Robin destrozan a mazazos un Porsche para luego arrojarlo por un acantilado: la truculenta excusa para explicar las lesiones que había sufrido Wayne. Bane, como se aclara en el cómic, es el primer villano que vence a Batman en un combate cuerpo a cuerpo. No es, sin embargo, la primer derrota de Batman, pero sí la más terrible por sus secuelas anímicas.

En Batman, el caballero de la noche, Christopher Nolan y su hermano adaptaron La broma asesina, entre otras historias y subtramas del universo Batman, y recuperaron parte del gran plus de aquella miniserie: el Guasón y Batman aparecían hermanados en un continuum de locura y perversión, en el límite mismo de la enfermedad psiquiátrica. Batman era representado como un esquizofrénico sumamente violento; del Guasón poco hay para agregar.

En El caballero de la noche asciende, Nolan vuelve a retomar no una sino dos novelas gráficas: la antemencionada Knight fall y No man´s land, que narra el hipotético fin de Ciudad Gótica. Ahora bien, entre la segunda parte de la trilogía y esta última entrega puede leerse un pasaje notable con respecto al eje temático y el núcleo conceptual de cada film: del terrorismo psicológico que ejercía el Guasón -tal vez el mejor villano de todo DC Comics-, al poderío físico y el débil imaginario proletario de Bane. Sin dudas se trata de un villano algo anacrónico y superficial, lleno de músculos, un verdadero prodigio del fisicoculturismo.

Históricamente todos los villanos clásicos ideados por Bob Kane se manifestaban como tales en el plano de la locura: el Guasón, el Pingüino, el Acertijo, Harvey Dos Caras, el Espantapájaros: personajes deteriorados por una crisis personal, alterados psicológicamente, pero con mentes criminales maestras. Cada uno funcionaba como símbolo de la otredad. El villano, aquí, es el otro absoluto, es decir, el monstruo. Bruce Wayne, atravesado por la rasgadura de la muerte de sus padres, es el otro, pero el otro que conserva su lugar dentro de la sociedad -aquí la máscara, el necesario alter ego- o bien que protege los lineamientos del statuo quo social. Este es un punto que Batman jamás podrá poner en crisis: su superpoder, como todo el mundo conoce, no es otro que su dinero.

Ahora bien: ¿por qué Nolan decide, después de transitar la locura y un enfrentamiento en el plano psicológico o mental, con todo lo que ello implica, después de dar forma a una película extraordinaria -El caballero de la noche-, por qué, entonces, decide trabajar con una historia cuyo eje conceptual descansa en la confrontación física? En esta transición aparece el primer signo de fracaso de la película. Los efectos de esta decisión argumental son múltiples.

En primer lugar, como nunca antes en una película de Nolan, el guión está lleno de incongruencias, problemas argumentales y personajes mal delineados. Al mismo tiempo, el corte que puede leerse entre una película y otra con respecto a su eje conceptual también revela, en su desfasaje, otros transformaciones curiosas: el caso más notable es el de Marion Cotillard, que pasa de ser una mujer hermosa, engalanada con vestidos de seda a convertirse, sobre el final de la cinta, en una verdadera guerrillera de vestuario y pose militares.

Otro punto interesante es el declive dramático de El caballero de la noche asciende. Hay varias escenas de un potencial enorme sumamente desaprovechadas: el abandono de Alfred -esto se ve reflejado, increíblemente, en dos escenas que involucran, ambas, el portal de la mansión: Wayne no puede entrar, no se ha llevado su llave; Wayne, por la mañana, debe recibir personalmente a Blake, como si el único atributo de Alfred fuese ser su mayordomo o amo de llaves- la crisis moral del Comisionado Gordon, el renacimiento espiritual de Batman, la pérdida total del patrimonio de Empresas Wayne.

El éxito de una saga o trilogía descansa, en parte, en el arco narrativo de cada una de sus historias y la manera en que estas se entrelazan con las obras precedentes. Parte de este engranaje descansa en los vínculos: ninguno de los vínculos que Batman estrechaba en El caballero de la noche crecen en esta última entrega: ni con el Comisionado Gordon, ni Alfred ni con el personaje de Morgan Freeman. Han pasado ocho años pero, en realidad, no ha pasado nada. Lo mejor de la película son los nuevos personajes: una gran Anne Hataway interpretando a Gatúbela y un encantador Tom Hardy (Blake) que es el corazón mismo de la cinta. Nuevamente, la interioridad, el trabajo fino y preciso con los rasgos sentimentales, son un obstáculo indisoluble para una cinta que no abandona jamás su preocupación por la exterioridad y la musculatura.

Un ítem final merece el villano: de Bane nada se conoce verdaderamente hasta el final. Aquí el personaje crece, cobra matices, vericuetos, hondura. Pero es demasiado tarde. Ya pronto todo va a terminar. La máscara le impide a Joseph Gordon-Levitt humanizar a Bane, enriquecerlo más allá de su mirada, sus músculos, una voz penetrante y cavernosa. No es casual que sus dos enfrentamientos con Batman sean peleas cuerpo a cuerpo, sin artefactos, vehículos o estrategias. Batman, de manera insólita, por primera vez, necesita de un ejército (de policías) para derrotar a su némesis. Batman, antes de su choque con Bane, ya no se prepara moral, espiritual y reflexivamente -como ocurría en Batman Inicia, bajo la tutela de Ra's al Ghul- sino que realiza sentadillas y flexiones de brazos en una prisión absurda para recuperar la tonicidad muscular de antaño.

Nuevamente: ¿por qué Nolan decidió cerrar su trilogía con una película cuyo arco narrativo se alimenta del deterioro, la puesta a punto y la confrontación física? Un misterio que va muchísimo más allá del alter ego de Bruce Wayne.

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¡Llegó la música! | Alberto Ajaka

por Verónica Miramontes

¡Llegó la música! Afirmarse de ese modo y hacer el intento de ir más allá, de crecer, de tener un lugar reconocido en la cultura, en la profesión elegida, de viajar, de conocer otros países haciendo lo que más les gusta, las envidias hacia el solista exitoso al que pareciera que la vida le va muy bien, el prestigio de la música de cámara en contraposición con unas cumbias de albañiles que sí suenan, interrumpen y molestan.

"Sostener el gesto hasta el final" dice el director de orquesta. ¿Cuál es el límite del intento de ir por todo en busca del reconocimiento aún no recibido, de las posibilidades que se abrirían en tierra extranjera, de ser visto y escuchado?

Billetes falsos y algún whisky pagando sobornos no menos falaces en el medio de luchas gremiales que abren discusiones y discursos, un cumpleaños bastante infeliz trabajando horas extras excesivamente y algún amor repentino.

Un momento de quiebre, el a todo o nada y "ya estamos jugados" desatando gestos impensados, expresiones atrevidas y corridas del cotidiano de estos seres.

Una obra de esas de las que se sale con varios interrogantes a veces olvidados que vuelven a resonar y rebotar en la cabeza, con la mueca de haber reído, pero no saber si es por "mejor que haber llorado". Una vez más una muy buena dramaturgia y dirección de Alberto Ajaka, un gran grupo de actores trabajando en equipo, singulares, orquestados y una escenografía de lo más bella que bien acompaña y da soporte a esta puesta.

Sala Escalada | Remedios Escalada de San Martin 332 | Villa Crespo | CABA | Argentina
Tel: 4856-0277
Lunes y viernes a las 21:00 hs.

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Locos en Chauvet

por Federico Delgado

La locura tiene muchas caras. Desde el rostro ausente de los enfermos encerrados en un psiquiátrico hasta la impasibilidad del psicópata ante la condena de sus crímenes. La enajenación, la transmutación, todo aquello que nos aleja de la cordura genera un rechazo en nosotros comprensible ante la amenaza de vernos en ese trance.

Sin embargo, la locura tiene un lado amable, no sujeto al diagnóstico de los doctores. Porque llamamos loco al distinto, al encerrado, al que huye del mundo porque éste no le satisface, y prefiere ensimismarse en paraísos privados. A las almas sensibles nos produce un tierno estupor esa locura, ese ensimismamiento que se disfraza de desaliñado científico. Y, por qué no, nos produce una indisimulada envidia.

No es, pues, de extrañar que Werner Herzog, el inclasificable maestro del documental, no sólo basara La cueva de los sueños olvidados en mostrar los tesoros que la caverna Chauvet (Francia) encierra en sus paredes, sino que quisiera también poner el foco en los investigadores que se esfuerzan por desentrañar sus misterios. Después del visionado de esta joya, uno no sabe si está más asombrado por la ciencia o por el científico.

Las pinturas de las paredes, milagrosamente salvadas del mordisco del tiempo, parecen frescas a nuestros ojos. Como contemplarlas está vedado al común de los mortales, Herzog se recrea en cada rincón dejando que sea sólo la música la que nos acompañe en este viaje de más de treinta y cinco mil años. Y lo refuerza con un 3D que hace más reales a los caballos que parecen relinchar y los rinocerontes lanudos que parecen echarse a correr.

Pero los científicos resultan igualmente asombrosos. Estos locos geniales posan ante la cámara mientras nos piden silencio para escuchar el latir de nuestros corazones. O se esfuerzan en explicar la magnitud del hallazgo mostrándonos huesos de animales extintos preservados bajo una sólida capa de calcita. O sonríen divertidos mientras interpretan un The Star-Spangled Banner paleolítico con una fiel reproducción de una flauta de hueso, ataviados con pieles como nuestros ancestros.

El cine documental está cambiando. Al protagonismo de la imagen se le une ahora una historia que contar. El arte está también en enseñarnos el mundo y sus locos, y dejarnos igualmente absortos.

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La "locura" del surrealismo. El soplo de lo inefable.

por María Inés Barone

No será el miedo a la locura
lo que nos obligue a bajar
la bandera de la imaginación
André Breton

La impronta del surrealismo, un mundo fantástico por momentos rayano en la locura, emerge con toda plenitud en la obra de los creadores más significativos que abrazaron las ideas de este movimiento artístico que salía a dar batalla en las primeras décadas del siglo xx en Europa occidental, de la mano de André Breton, teórico y padre espiritual que dejó su marca fundante en el Primer Manifiesto publicado en 1924.

Dalí, Magritte, De Chirico, como artífices de obra enmarcada en el surrealismo, construyen en sus imágenes pictóricas mundos oníricos que atraviesan "lo real" para lanzarse más allá del universo conocido y palpable. Las ambientaciones de sus cuadros sugieren aires de extrañamiento: lo "inexplicable" se hace presente de manera inequívoca y a la vez evasiva, difícil de capturar.

Las imágenes que crearon los artistas vinculados al movimiento surrealista indagan en las profundidades ocultas del inconsciente. Sigmund Freud es una figura relevante en el desarrollo de la propuesta teórica. Así lo cuenta Sir Ernst Gombrich, historiador reconocido en el mundo del arte como un referente en la materia : "Muchos surrealistas quedaron profundamente impresionados por los escritos de Sigmund Freud, quien mostró que cuando los pensamientos que caracterizan el estado de vigilia se adormecen, el niño y el salvaje que viven en nosotros se hacen con el control. Fue esta idea la que llevó a proclamar al surrealismo que el arte nunca puede ser producido por el pensamiento consciente".

Lo inesperado y lo enigmático nos convoca y nos envuelve en un halo pregnante. Crear algo más real que la realidad misma: esa es la marca. Y así se combinan sueño y vigilia, los universos que se entrelazan conformando el juego de lo surrealista. Un cierto orden es cuestionado, el orden vulnerado por lo inevitable. La emancipación del orden "normal", la emancipación del espíritu. Sueño y vigilia se funden para formar la esencia del ser.

Dice Breton en su Primer Manifiesto: "Surrealismo es automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral".

Sueño, surrealismo, "locura" y hay algo que queda dislocado. "Queda la locura, "la locura que solemos recluir", como muy bien se ha dicho. Esta locura o la otra…" plantea el Manifiesto, y va más allá Bretón cuando afirma: "Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido de que ésta les induce a quebrantar ciertas reglas, reglas cuya transgresión define la calidad de loco, lo cual todo ser humano ha de procurar saber por su propio bien".

El sueño surrealista ilumina la vida de una capa de la realidad que excede el mundo ordinario. Una "locura" idealmente desalienada de todo. Una impronta de ruptura libertaria atraviesa el ideario de este movimiento artístico de vanguardia que marcó una senda diferente. Surrealismo y "locura" se entretejen en un juego inquietante que tienta a sumergirse en él.

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Las criadas | Ciro Zorzoli

por Verónica Miramontes

No es la primera vez que vemos una puesta de Ciro Zorzoli jugando al doblete en el teatro, y se agradece que siga hurgando en los engaños de este arte, sacándole el jugo a este juego de ficción y realidad, la falsedad de lo verdadero o la verdad del engaño. Este director hace de la pieza escrita por Jean Genet un juego de dobles tenebroso, macabro, nos hace caer en la trampa aun dándonos cuenta. Y aquí Marilú Marini afirma la mentira del teatro con tanta verdad y tan apasionadamente que caemos en sus artilugios engañados como tontos, pero felices y enormemente agradecidos. De algún modo se puede decir que embriaga su entrega, su juego de actuación, sus matices, esa voz que sube y baja sembrando eternamente la duda de si "es o se hace" la sota con sus criadas. Nos rescata de la realidad y nos transporta a otros lugares tan inasibles como posibles. Paola Barrientos y Victoria Almeida, que componen a dichas criadas, también hacen un muy buen trabajo en esta puesta pergeñando un deseado asesinato que se les vuelve en contra, asistidas por un tal Omar encarnado por Marcelino Bonilla que hace las veces de utilero y asistente general de las muchachas y de la pieza teatral en sí.

Obra fundacional tanto para Jean Genet, ya que fue su primera pieza teatral escrita en 1947, como para varios actores que hemos quedado conmovidos luego de haber visto esta puesta y a una gran actriz como Marilú Marini trabajando tan amorosamente.

Teatro Pte. Alvear | Av.Corrientes 1659 | Centro | CABA | Argentina
Tel: 4373-4245 / 4374-9470
Miércoles, jueves, viernes y sábados a las 21:00 hs.

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