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Kobo Abe: Historia de las pulgas que viajaron a la Luna
por Javier Martínez

Después de la edición argentina de Cuentos Siniestros, el horizonte de la literatura de Kobo Abe se abrió pero, además, puso en juego una incógnita: ¿cómo será encontrarse con un nuevo volumen de cuentos de un escritor que dejó una sensación de revolución y descubrimiento? La saga que ofrece Eterna Cadencia en su catálogo las despeja completamente. Quienes han transitado la escritura de Abe se encontrarán con una respiración que va a resultar familiar, algo del estilo que atraviesa ambos libros. Y, como en la primera oportunidad, en algún momento serán sorprendidos por el viejo maestro. Y ese ambiente, esa atmósfera en la que el lector podía sentirse cómodo, vuelve a enrarecerse, a hacerse otra.

Historia de las pulgas que viajaron a la Luna empieza con un cuento que, pensado desde muchos de sus costados visibles, contiene y expone las tramas más finas y ajustadas de la literatura del japonés. La invención de R-62 tiene como eje central a un suicida decidido que, en lugar de arrojarse desde un puente, accede a otra forma de la muerte, una en la que el cuerpo sigue vivo pero que responde a las órdenes de una consola operada por los científicos a cargo del experimento. Son los juegos especulares en los que la alteridad, polimorfa, mutante y escurridiza, se entrelaza con las invenciones, las ambiciones de los sujetos y sus más profundas miserias; combinados con la cosmovisión científica que pretende, en una distopía cargada de humor negro, delinear alguno de los futuros posibles para la humanidad. Habiendo salido de esta historia en la que lo implacable termina inclinando la balanza, el volumen de cuentos vira hacia El palo, un texto donde el absurdo más abyecto se pone a las órdenes de una narración que tuerce el tono de su sucesor. Y así, una y otra vez, hasta dar con un cuento en el que el humor y los insectos son el punto de partida para pensar al otro: un borracho que despierta en un bar que ya ha cerrado, se encuentra, sorpresivamente, con el Congreso Nacional de Insecto Dañinos, que teje y desteje planes, entre ellos el de las pulgas de viajar a la Luna para esperar a los humanos que, según los cálculos de los sifonápteros, desembarcarán allí para extender un territorio que, a fuerza de una tasa de nacimientos mayor que la tasa de defunciones, le empieza a quedar chico.

Hay un más allá de ese cuento, claro. Y en cada uno de los textos, esa dimensión del otro que nos devuelve una forma de nosotros mismos está siempre presente. La literatura de Kobo Abe, según sus propias palabras, está apoyada en los cimientos de la ficción científica, la que proyecta un mundo futuro a partir del rigor del pensamiento científico, y que proyecta sobre esa pantalla algunos de los miedos y dudas de la Humanidad. Un modo de metaforizar del devenir y de advertir sobre los efectos colaterales que la vida moderna nos oculta bajo el sonido tintineante de la felicidad publicitaria.

Eterna Cadencia ¬ 2013
Si todo vuelve a comenzar
por Jota G. Fisac

Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

 

José Agustín Goytisolo
Bajo tolerancia
1973