INDICE
Un cuadro no se acaba nunca, tampoco se empieza nunca, un cuadro es como el viento: algo que camina siempre, sin descanso.
Joan Miró
40
Newsletter

Suscribite a ESTO NO ES UNA REVISTA. Es sólo un click.

Redes
Miradas
ENEUR
Fargo: elogio del idiota
por Federico Delgado

Nos estamos malacostumbrando a la constante presencia de series de éxito. Las plataformas como Netflix son una fuente más de estrés para aquellos que quieran estar al día de las mejores producciones para televisión. Y la calidad suele ser alta. Pero hay títulos que destacan por encima de los demás por motivos tan contundentes como su guion, las interpretaciones, la ambientación o la fotografía. Y las hay que son sobresalientes en todos estos aspectos. Una de ellas es Fargo, que ha presentado ya tres temporadas excelentes.

Ahondar en el éxito de Fargo no es fácil. Pensar que la secuela de una película pueda tener buena acogida en la pequeña pantalla era, cuanto menos, arriesgado. Los que tuvimos la suerte de ver estrenar el filme de los Coen, allá por 1996, nos quedamos atrapados por aquella historia de una policía embarazada que tiene que desentrañar una serie de asesinatos tremendamente violentos en los paisajes helados del norte de Estados Unidos. La escrupulosa descripción de los detalles y el pausado ritmo con el que se desarrollaba todo, incluidos los más infames crímenes, causaron admiración. No nos extrañó que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la incluyera en el Registro Nacional de Cine por ser una obra “cultural, histórica y estéticamente significativa”.

Cuando saltó la noticia de que la película iba a convertirse en una serie de televisión ideada por Noah Hawley pensamos en el para qué. Luego supimos que la historia no iba a ser la misma, sino que se iba a recoger el “espíritu” de la original. Y así fue: la primera temporada transcurre en el mismo paisaje helado y continúa con el juego tan de los Coen de narrar hechos supuestamente verdaderos. Asimismo, confirió a los personajes la misma profundidad, fueran o no principales. Esos villanos fríos, calculadores, a los que nada importa, como el que interpreta un habitual de los hermanos, Peter Stormare; y que tuvo su continuidad en el oscuro y calculador Billy Bob Thornton, en la familia Gerhardt y en el despreciable Varga que recrea David Thewlis.

También son marca de la casa esos policías honestos y temerarios que luchan contra la mediocridad que les rodea para encarar los que, con total seguridad, son los crímenes más brutales que verán en sus vidas. Desde la increíble Frances McDormand hasta los más que solventes Patrick Wilson y Carrie Coon. Su empeño y su tesón sirven para acorralar a delincuentes duros de pelar, acostumbrados a resolver las peores situaciones con una frialdad pasmosa.

Pero si algo caracteriza al universo creado por los Coen son esos tontos torpes, esos idiotas que juegan con la suerte porque creen que todo va a salir bien. Y siempre sale muy mal. Coquetean con el crimen en busca de dinero fácil, o una venganza que se tuerce y termina en tragedia. En la película son William H. Macy y Steve Buscemi los que abruman con su interpretación. En la última temporada de la televisión son Mary Elizabeth Winstead y, sobre todo, Edward McGregor en un doble papel de dos hermanos tan torpes como ambiciosos.

Y es que esa ambición es la que desata siempre la catástrofe. Ya sea por simular un secuestro para conseguir dinero y respeto, una vana venganza distorsionada por un asesino despiadado, un intento suicida de aprovechar una situación para enriquecerse o una disputa letal entre hermanos. En la vida real una persona sensata abandonaría pronto con unas circunstancias tan poco propicias, pero los ilustres idiotas de Fargo perseveran en una loca huida hacia adelante. Todo ello aderezado con ese humor negro como la noche de los Coen, y que Hawley ha sabido continuar.

Todo en Fargo está hecho para el disfrute visual, para el goce de aquellos que amamos el lenguaje cinematográfico. Cada plano, cada secuencia es puro cine. La dirección artística es tan extraordinaria que otorga a la trama una verosimilitud que no ofrece la falsa realidad que anuncia. En definitiva, el universo de Fargo ha sido dignamente ampliado. Y nosotros nos alegramos.