Miradas
« Nota anterior
Nota siguiente »
Marie Taglioni y las zapatillas de punta
por Alice M. Pollina

Marie Taglioni revolucionó el ballet, tal y como se lo conocía hasta entonces, al convertirse en la primera bailarina en usar zapatillas de punta.

Marie Taglioni sigue atentamente las instrucciones de su padre que además es su maestro de danza y la prepara para protagonizar una obra que creó especialmente para ella, La Sylphide. Los pasos están pensados para compensar algunas particularidades de su físico: los brazos y el cuello más largos que otras bailarinas y los hombros ligeramente encorvados hacia adelante. Filippo exige demasiado pero Marie no se acobarda, al contrario, ensaya muchas horas por día y no pierde energía ni motivación. La coreografía no es fácil, su padre quiere lograr “austeridad, delicadeza y gusto” y se lo repite todo el tiempo. Ella levanta elegantemente los brazos y no cuestiona, pero a veces duda. Baila desde los doce años y encuentra que esta obra es muy diferente de lo que hizo hasta ahora. Otros maestros de la época, como Auguste Vestris, les piden a sus alumnos que bailen de manera realista, que se vistan à la grecque (‘al estilo griego’) y “sean coquetos y sugerentes”. Pero quizá Filippo tenga razón, después de todo, en 1832, es probable que los ballets d´action ya estén pasados de moda. Padre e hija trabajan especialmente en algo novedoso que es fundamental para encarnar al personaje principal de la obra, una mujer etérea que tiene alas. El argumento requiere que ella logre extender el tiempo y el rango de movimientos que puede lograr estando en puntas de pie.

“En La Sylphide se mezcla lo real con lo imaginario –cuenta Silvina Juárez, maestra de danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC)–. James está comprometido con Effie, una chica del pueblo, pero se enamora de una criatura etérea que entra por su ventana, la Sílfide que sólo él ve. La criatura representa al amor idealizado, se enamora de algo que imagina. Una bruja que quería vengarse de él por haberla echado de su casa, hechiza un chal con líquidos mágicos y se lo entrega como regalo para la Sílfide. Pero cuando ella se lo pone se le caen las alas y muere. James pierde al amor de su vida y también a su amor real porque Effie se casa con su mejor amigo”.

Marie zurce la punta de sus zapatillas de baile; hace muchas puntadas para endurecerlas y que sostengan su pie; logra efímeros equilibrios sobre sus dedos, pero la idea es que ella haga toda la obra en puntas de pie, algo que nadie logró hasta ese momento. La joven dedica dos de sus seis horas de práctica a ejercicios de pies, se suspende en el aire y cae sin hacer ruido, una hazaña que provocaría furor en el estreno de la obra en la Ópera de París, el 12 de marzo de 1832.

La bailarina, nacida en Estocolmo en 1804, fue la primera en usar zapatillas de punta y un vestido blanco de tela muy liviana y falda fruncida que luego fue imitado y se convirtió en el vestuario típico del ballet. Filippo y Marie Taglioni cambiaron la estética de la danza y la encaminaron hacia una nueva dirección.

“Los intentos anteriores de bailar en punta no resultaron porque no se había trabajado con los pies. Se elevaban a las bailarinas con arneses, era un estilo más circense –describe Juárez–. El padre de Marie fue el que introdujo la ejercitación con los pies, comenzó a desarrollar la técnica para poder bailar en puntas. Marie mostró la suspensión, el misterio del equilibrio en una pequeña superficie que hizo más etéreo al ballet. Fue un momento revolucionario. También marcó tendencia su peinado; usaba el bandeau, una onda a los costados de las sienes”. Europa vivió una verdadera “taglionimanía”; hasta hubo tortas y caramelos con su nombre. Muy pronto, más bailarinas comenzaron a tomar clases con Filippo Taglioni.

La técnica
“El ballet clásico está representado por las zapatillas de punta hasta en el pin que te dan en un teatro cuando llegás a conocerlo –afirma Silvina Juárez–. Muchas chicas quieren usarlas antes de lo recomendado, los padres también se entusiasman. Pero hay que tener un control”.

“Hay un momento para poder hacer un trabajo saludable con los tendones y la musculatura –agrega Florencia Werchowsky, bailarina, periodista y autora de la novela Las bailarinas no hablan–. Se supone que hay un período de maduración ideal para empezar a forzar los pies a hacer ese trabajo tan antinatural. Si comenzás a una edad muy temprana se te puede malformar el pie y si empezás tarde no lo vas a lograr nunca”.

“Ya desde la media punta, el maestro tiene que vigilar que la subida sea por un trayecto derecho, no vencido ni al meñique ni al dedo gordo –explica Juárez–. Al principio son ejercicios muy básicos para fortalecer mucho los dedos y las articulaciones. Tiene que ser un trabajo sano para que puedan realizarlo por mucho tiempo y no tengan que parar de bailar por alguna lesión”. “Es una técnica que se practica toda la vida –concluye Werchowsky–, un ejercicio para aprender a dominar un tipo de movimiento muy específico”.

El escenario
Florencia Werchowsky dirigió la adaptación de su novela Las bailarinas no hablan en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, y el año pasado realizó la obra Danza de los estados. Actualmente, prepara dos nuevas obras. “Estamos trabajando sobre la vida de dos bailarines con casi todo el mismo equipo con el que vengo trabajando desde el principio. Fuimos construyendo una metodología de trabajo. En Las bailarinas no hablan nos motivaba trabajar con la voz de los bailarines, entonces el texto sirvió solo para apoyar esa experimentación, no fue una obra dramática ni argumental. Con Danza de los estados retomé algo del trabajo de investigación, porque hicimos primero entrevistas y seleccionamos una serie de hitos biográficos a los que les agregamos un poco de ficción. Para estas nuevas obras seguimos en esa misma línea. Todavía no pudimos ensayar porque estamos encerrados, no sabemos cuándo se va a poder estrenar. Hacemos sesiones remotas en video pero estamos frenados hasta que podamos volver a un espacio. Pero la producción va creciendo”.

Silvina Juárez continúa dando las clases a sus alumnos del ISATC, por ahora a través de videollamadas. “Nos reunimos tres veces por semana y hacemos tal cual como si fuera una clase presencial, incluso con un pianista que nos acompaña. Mis alumnas casi todas tienen barrita y la que no tiene, usa una ventana o una silla. Tenemos que tratar de mantenernos con la llama viva y el espíritu arriba, y lo mejor que podemos hacer es bailar porque la actividad física levanta el espíritu”.

 

 

La Sylphide
El coreógrafo francés Pierre Lacotte reconstruyó el ballet La Sylphide, con la coreografía original de Filippo Taglioni que se había perdido, en base a testimonios y documentos de la época y lo estrenó en 1972 con el Ballet de la Ópera de París.