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Mientras no actúo
por Verónica Miramontes

Los “mientras tanto” no necesariamente han de ser sinónimo de paréntesis ocioso, sino que pueden convertirse en tiempos de fructífera creación

Repasando mi biblioteca en este tiempo tan particular, hace unas semanas rescaté de allí un libro que me habían regalado hace aproximadamente diez años, cuando esta revista comenzaba a publicarse y yo, a colaborar en ella con algunos textos. No lo había leído nunca, por lo menos no completamente. El libro se llama Mientras escribo, de Stephen King, y en él cuenta sobre su propio proceso de escritura y da algunas herramientas que utiliza y que pueden venir muy bien para los que escribimos. Pensé en el tiempo, en los mientras tanto, en si ese libro llegaba a mis manos de nuevo tardíamente o era el momento justo para leerlo. Fue como haber vuelto a recibir un regalo. Recordé un “mientras tanto” que particularmente me gusta: cuando viajo en avión tengo la grata sensación de que lo que tengo que hacer es solamente estar ahí, porque arriba de un avión no hay nada que pueda resolver; un tiempo suspendido en el aire.

Pensé temáticamente en este número y traté de acordarme, sin éxito, cómo y cuándo aprendí a atarme los cordones de las zapatillas. Recordé que, de chica, mis zapatillas preferidas habían sido unas sin cordón, como una especie de zapatitos rosas de lona con suela de goma que mi mamá me compraba en una zapatería frente a las vías de la estación Palomar, a una cuadra de mi colegio. Y mientras pensaba en esto me acordé de que hace unos años vi una película sobre René Lavand, el mago ilusionista argentino cuya famosa frase era “no se puede hacer más lento”. Lavand perdió su brazo derecho en la adolescencia en un accidente, y lo que más me impactó, habiendo sido él diestro, no fue solo la habilidad con la que realizaba los trucos de cartomagia con su mano izquierda, sino cómo aprendió a atarse los cordones con una sola mano. Pensé que para mí esa era su magia, y me dio ilusión.

Pensé en el deseo, en cómo ese tambor marca el ritmo, un latido que está siempre ahí y que si adquirimos la habilidad de escucharlo, vamos encontrando las formas, los cómo, aun en circunstancias imprevistas.

Pensé en este momento suspendido donde se abren muchos “mientras tanto”. Nunca supe cómo escribir, empecé a escribir desde chica, siempre deseando escribir mejor. Ahora me interesa particularmente aprender algunas herramientas para escribir textos para actuar. Entonces, mientras no estoy actuando, comencé a tomar un taller de dramaturgia. En una de las clases, casualmente o no, el profesor, mientras explicaba modos de contar situaciones que no veremos en la escena, nos recordó que “la palabra construye realidad, podemos generar un mundo desde la palabra”.

Todo esto empecé a asociar mientras pensaba en qué escribir para este número. Stephen King dice que “escribir no es la vida, pero que puede ser una manera de volver a la vida”. Entonces, mientras, escribo.