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Lazo con un maestro
por Andrea Barone & Guillermo Virues

Un encuentro telemático entre maestro y alumna desata, cual cordón de zapatilla liberado de la atadura, un diálogo que incluye coincidencias onírico-quinielísticas.

Lazo con un maestro
por Andrea Barone

Cien veces Rober es la primera novela de Guillermo Virues, de próxima publicación, cuyo personaje principal es un profesor de literatura. En estos tiempos atravesados por una pandemia, en que los escenarios áulicos quedaron detenidos, se pone en valor también la importancia y necesariedad del docente, del profesor, del maestro que enseñe y cause. A los que les es posible, apuestan y reinventan a la distancia, con lo que hay, para seguir estando cerca, con su imprescindible hacer.

Guillermo Virues ha sido uno de esos maestros en esos años iniciáticos de adolescencia. Y en esos azares de la vida, su personaje (de quien, en algún momento de la trama, se espera su regreso a partir de una ausencia teñida por un realismo un tanto descabellado) y el texto le proponen al lector que la literatura también es un juego a jugar y en muchos muy jugado. Es una novela plagada de actividades de escritura, y a Rober, casi como en un juego de espejos, le interesan las listas que proponen, que nos dicen “listos ya, a jugar”, y la que vincula los números y los sueños en particular, y a modo de lazo de uno con otro. Algo de lo que otro gran profesor, otro maestro, Sigmund Freud, que dio la palabra a cada sujeto soñador para urdir esa trama, sabía bastante. Y también leit motiv de nuestra ENEUR, ese entretejerse con la lista de los números de la quiniela y los sueños.

 

El cordón mágico
por Guillermo Virues

Comencé a dar taller literario en el garaje de la casa familiar en Ciudad Jardín. Ni siquiera había terminado el profesorado en el Joaquín V. González. Mi biblioteca no tenía cien libros. Andaba por los 24 años. Era para la primavera de 1981. Enseguida armé dos grupos, uno de amigas y amigos de mi edad y otro de chicas y chicos que estaban en la secundaria. Había un deseo de libertad y expresión flotando en el ambiente que juntaba aquí y allá a los espíritus sensibles, irreverentes y hasta un poco irrespetuosos. Entre ellos estaba Andrea Barone, a quien los tres adjetivos anteriores le cabían a la perfección. Jamás me olvidé de las cosas que aprendí entre aquellos jóvenes: por poco que uno sepa, hay que transmitirlo con entusiasmo, atento a lo que los otros traen: su imaginación, su sensibilidad, sus percepciones, sus ideales, sus ideas. Esto parecerá traído de los pelos, pero aquella era una época muy zapatilla, si se me permite esta rara metáfora, muy pampero tenis.

Luego me fui de la dorada Ciudad Jardín, pasaron los años, enseñé y aprendí aquí y allá, buscando y encontrando de aquellos alumnos dorados del inicio hasta que llegó la pandemia. Y entonces, oh!, redes sociales mediante, nos reencontramos casi cuarenta años después Andrea Barone y yo. Fue emocionante. Primero paseé un poco por su ENEUR y luego leí sus notas. Tengo la impresión de que le puse Me encanta. A los viejos docentes siempre nos enorgullece ver cómo han evolucionado sus alumnos porque piensen que nosotros, los formadores de adolescentes, los vemos partir temprano, cuando son todo proyecto.

Pero lo que me encantó (con todo el sentido mágico del término) fue sentir que había una coincidencia divertida, un parentesco de una parte de nuestros respectivos proyectos: el número 100. Su revista digital lleva como factor determinante de la temática de cada número la que surgiera de la lista de números vinculados a los sueños según la popular interpretación que las casas de quiniela les ofrecen a sus clientes. Y yo por mi parte no solo estaba trabajando en la edición de mi primera novela Cien veces Rober, sino que a Rober también le gustaba la mentada lista. Alguien pensará en las virtudes de la tecnología que hace que la gente se encuentre. No digo que no, pero prefiero pensar que lo que nos une es un hilo invisible hecho de afecto, humor y un poco de aquella irreverencia inoxidable. Y quien dice un hilo dice un cordón, un cordón de zapatilla.

Leer un fragmento de Cien veces Rober