Sabores
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La no-sopa
por Leda Díaz

Al margen del formato tradicional de receta, la autora nos acerca con acierto y valentía a un plato que nació con temor y por error.

No se agarra entre cucharas, sopa seca y esponjosa.  
En su origen no hay acuerdo. Son sospechas palaciegas,
y probables los errores, nadie sabe la verdad.
A la guerra fue a nutrir, y en la historia se habla de ella.
La no-sopa.
Entre cantos y cucharas los recuerdos se la llevan.
Y esa tarde Doña Elisa sobre leches va a flotar.
Mientras revuelve el tykuetï, las preguntas se amontonan.
Esos hijos que no hubo, esos años que no están.
¿Fue posible aquella historia? La respuesta es un vacío.
Sumergida entre sus sueños, un derrame la traiciona.
Se esfumó en vapor la sopa, y otra cosa habrá de ser.
La no-sopa.
Apurarse antes que lleguen, buscar cerca lo que hay.
Agregarle algo de harina, de maíz y más cebolla.
Mezcolanza y desconsuelo, se le exige un gran coraje.
Mientras ella se contiene en la fe de sus plegarias,
esos leños la iluminan, piden fuegos, arderán.
Hace un templo del tatakua, lo alimenta con maderas.
A la fuente y descansada, convencida la introduce,
el infierno hará lo suyo, solo le resta rezar.
Decidida al todo o nada, avanza y pone manteles.
Servilletas y cubiertos, todo encaja en su lugar.
Por la alcurnia lustra plata, las puntillas impecables,
en el aire los perfumes de jazmines y de pan.
La no-sopa.
Es Don Carlos al llegar el primero en degustarla.
Una pausa, su mirada, un momento intimidante.
Pone ingenuo el paladar, algo en boca y en la espera.
Dice “bien, está perfecta”.
Nadie le quiere aclarar, que si es sopa es otra cosa,
y a la usanza de su clase, bautizarla es su tarea.
La no-sopa que ya está.
Forma parte del tyrá, orgullosa compañera de los mates y las charlas,
de las bodas y las fiestas.
Si tu abuela te pregunta, ¿tanto tiempo y no hay avances?
¿Para cuándo vuestra sopa?, le tendrás que contestar.
La no-sopa que ya está.

 

La sopa paraguaya es un plato típico de la gastronomía de Paraguay, producto del sincretismo guaraní y español.

Una de las varias versiones sobre su origen dice que a Don Carlos Antonio López, presidente del Paraguay entre 1841 y 1862, le gustaba mucho un plato elaborado con leche, queso, huevo y harina de maíz al que denominaban tykuetï. Y que era infaltable en su mesa.

Parece que un día, la cocinera de Don Carlos tuvo un descuido, y puso en la elaboración más harina de maíz que de costumbre, con lo cual se encontró con dos problemas: el primero, el tykuetï ya no era líquido, sino pastoso; y el segundo, el tiempo era corto como para reiniciar su tarea o sustituir el plato favorito por algún otro. Entonces, entre temor e ingenio, decidió poner el preparado en un recipiente de hierro y lo cocinó en el tatakua o “agujero del fuego”, con lo cual obtuvo algo más parecido a un bizcochuelo. Cuando llegó el momento de servirlo al presidente, la cocinera muy temerosa, le explicó lo sucedido y le presentó la fuente. Al degustarla, Don Carlos la halló tan sabrosa que, inmediatamente, la bautizó como “sopa paraguaya”.