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100 años de 'Más allá del principio del placer'
por Lionel F. Klimkiewicz

Se cumplen cien años de la publicación de unos de los textos esenciales del psicoanálisis, de cuya innegable vigencia trata esta presentación.

La siguiente es una transcripción de la presentación realizada por el autor
el 16 de julio de 2015 en la Biblioteca Nacional
(manuscrito inédito y versiones publicadas,
edición y comentarios de J. C. Cosentino)

Hoy es un día muy especial, tengo el honor de hablarles de un libro realmente importante. Y es importante por varias razones que creo deben ser enumeradas para entender la trascendencia de esta publicación y poder, entonces, valorarla en toda su dimensión.

En primer lugar, hay que decir que este es el tercer volumen de la serie referida a la publicación de las traducciones de los manuscritos freudianos, una serie que se inició con el Yo y el Ello, continuó con Das Unheimliche y tiene su tercer libro con este Más allá del principio del placer. Es decir, es una serie, pequeña por ahora, que ya se puede poner a la par de las otras dos ediciones de los textos de Freud que existen en castellano, las de Biblioteca Nueva y la de Amorrortu .

En segundo lugar, estamos ante una edición sin precedentes en nuestro idioma, ya que nos presenta una versión manuscrita, otra mecanografiada y la publicada por Freud junto a todos sus agregados posteriores. Un trabajo que –sin temor a equivocarme– podría nombrar como monumental, y que el propio Cosentino explica en la “presentación” del libro:

La difícil travesía por el texto manuscrito consistió, primero, en examinar el texto en alemán de la segunda versión escrita a máquina cotejándolo con el escrito publicado y, posteriormente, en establecer el texto en alemán de la versión manuscrita con tipografía “gótica” comparándolo con la versión a máquina. Acto seguido, siguiendo la nueva traducción que habíamos realizado en 2003 del texto publicado de Jenseits, Susana Goldmann preparó la traducción al castellano de ambas manuscritos. Por mi parte, intervine en su revisión, articulaciones, comentarios, en la comparación entre las tres versiones con sus reediciones y en las notas introductorias.

Es decir, un trabajo como este demanda años de dedicación y elaboración que hay que saber valorar. Les recomiendo leer con atención esa presentación.

Tercera cuestión: ¿por qué publicar los manuscritos de Freud; qué nos pueden aportar un siglo después? Fundamentalmente porque el trabajo con el manuscrito posibilita el encuentro casi directo con la producción de Freud, es decir, sus formulaciones en estado naciente, incluidas sus vacilaciones –que se manifiestan en los agregados, tachaduras, equivocaciones– pero fundamentalmente con su estilo. Y con la marca de pensamientos urgidos por lo real del psicoanálisis. Como nos suele explicar Juan Carlos, “el valor de leer a Freud en el momento actual, a partir del trabajo de traducción, transita por recrear el instante inaugural de la experiencia analítica. Así, la transcripción de un texto no es anterior a un ejercicio de lectura que, cada vez, se lleva a cabo de un modo particular. Es necesario llamar la atención sobre una particularidad de algunos de los manuscritos freudianos: la de ser una transcripción casi directa de sus formulaciones en estado naciente, cuando todavía no está presente el tiempo de hacerse comprender en el contexto de su obra. Así, el borrador de Más allá… lleva la marca de pensamientos urgidos por lo real del psicoanálisis, que se presentan de un modo conciso, tajante, escarpado, apodíctico”.

Entonces, por ejemplo, el libro nos muestra cómo Freud construye el texto: a mediados de 1919 una primera versión manuscrita de 34 páginas y seis capítulos, meses después mientras se reúne con colegas y afronta la muerte de su hija prepara la versión mecanografiada a la que le agrega, escrito a mano, un nuevo capítulo que intercala entre el 5 y el 6. A mediados de 1920 entonces aparece, luego de varias correcciones, el texto final publicado. Tal como lo explica el propio Cosentino en el texto, “la comparación de las dos versiones con el texto publicado de Más allá… muestra que el documento mecanografiado sirvió de base para la composición de la versión impresa”, y además el minucioso trabajo de investigación nos muestra esa novedad en la segunda versión con la composición de un nuevo capítulo que resultará constitutivo para la estructura de la obra.

También, cito, “luego siguen los agregados, que van de la interpolación, la inserción o la variación de palabras aisladas a la intercalación de párrafos adicionales, secciones o notas, en un proceso de revisión, efectuado por Freud, que comprendió múltiples capas y frases”. Por eso, tomo otra frase de Juan Carlos para insistir en el tema: este trabajo realizado sobre las versiones del texto nos permiten que Más allá… “sea leído como documentación de un proceso de reflexión en curso”, ya que al recorrer sus múltiples versiones –los dos documentos del manuscrito que preservó, un texto publicado y tres reeditados– se descubren sus avances, sus retrocesos, sus momentos contradictorios, sus múltiples y difíciles rodeos y, sobre todo, las dificultades que enfrenta para sostener un punto de inflexión en su teoría que suele situarse en torno a un texto y a una fecha: Más allá del principio del placer. El giro de 1920.

Cuarta cuestión. Esta edición nos presenta el que tal vez sea el texto más importante de la obra de Freud y del psicoanálisis. El texto donde Freud interroga toda su metapsicología, su clínica y produce un giro capital que ha determinado en sus sucesores diversos modos de entender los fundamentos del psicoanálisis, algo que Lacan en varias oportunidades se ocupó de destacar. Estamos ante un texto de Freud muy difícil y oscuro, que produjo en la historia del psicoanálisis los efectos más diversos, desde aquellos que lo ignoraron deliberadamente (o lo malinterpretaron, como Derrida, quien realizó una lectura psicológica y casi esotérica de la que Cosentino pone como ejemplo en las últimas páginas del libro demostrando aquella frase de Freud que dice que “lo verosímil no siempre es lo verdadero”) a otros, como Lacan, que entendieron la dimensión de las hipótesis planteadas por Freud. El giro de 1920, tal como llamó Cosentino a otro de sus libros, es un buen nombre para indicar el mojón clave que hizo que el psicoanálisis se pudiera inscribir en de la historia de Occidente como una praxis original que se adentró en lo más recóndito del “hablanteser”, en la pulsión de muerte, aquello que en su mudez irrumpe en la ilusión de una homeostasis placentera y nos muestra que la muerte que toda vida porta insiste en presentarse de maneras muy diversas modelando aquel oscuro poder del destino que acompaña al sujeto en su existencia.

Habría mucho más por decir de este texto de Freud, por supuesto. Por algo hace casi cien años que seguimos hablando de él. Sólo agregaría que si jugáramos a resumirlo en una palabra, esa palabra sería Durchbruch, ‘ruptura’. Juan Carlos, en su trabajo de traducción, da cuenta de la importancia que tiene esta palabra en la lengua freudiana. Yo, sin embargo, me voy a referir a otro texto de Freud citado en el libro para decir que con este Más allá del principio de placer Freud produce una ruptura de las ilusiones sin valor, porque “soportar la vida sigue siendo el primer deber de todo ser vivo, y la ilusión pierde todo valor cuando nos estorba hacerlo”.

Esto nos da pie para introducirnos en la quinta y última cuestión que quiero destacar hoy con relación a la importancia de la edición que tenemos aquí entre nosotros, que está referida al trabajo de traducción que Cosentino nos presenta una vez más. Para ello necesito dar un pequeño rodeo.

En un breve texto de 1926, Borges escribió que existen dos clases de traducciones, una que practica la literalidad y otra que utiliza la perífrasis. La primera, según dice, corresponde a las mentalidades románticas, y la segunda a las clásicas. A estas últimas, les interesa más la obra de arte que el artista, por lo que desdeñan los localismos, las rarezas y las contingencias; las otras, al interesarse más por el hombre y reverenciar lo subjetivo, se inclinan por la búsqueda de la literalidad. Como siempre, nos brinda un ejemplo lleno de ironía para dar a entender su idea: nos propone pensar que una traducción se puede realizar dentro del mismo idioma. Imagina entonces dos versiones del conocido verso del Martín Fierro: “Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela”. Traducida con literalidad la versión sería: “En el mismo lugar donde me encuentro, estoy empezando a cantar con guitarra”; y con perífrasis “Aquí, en la fraternidad de mi guitarra, empiezo a cantar”. Una demostración extrema pero contundente…

Porque traducir no consiste en reproducir todas las estructuras formales (léxica, morfológicas y sintáctica) de un texto, porque eso sería copiarlo, no traducirlo. Traducir significa reproducir un contenido y un estilo.

Se da el caso que en nuestro idioma existen dos traducciones de la obra de Sigmund Freud. En Argentina, donde el psicoanálisis ha echado profundas raíces, siempre hubo argumentos a favor y en contra de la conveniencia de estudiar los textos freudianos con una u otra de ellas. Pero esta serie de ediciones de la editorial Mármol Izquierdo hacen que las cosas comiencen a ser de otra manera. Lo notable es que esta edición, además de ser bilingüe, contiene la traducción del texto publicado, pero también la del manuscrito y la copia mecanografiada del escrito. Se agregan también, entre otras cosas, notas introductorias a cada capítulo de cada versión, comentarios, tablas comparativas de párrafos, glosarios de términos, que enriquecen cada página del libro e invitan a trabajar.

Podemos decir que con este texto se supera la sutil y patéticamente verdadera dicotomía planteada por Borges. La que nos presenta J. C. Cosentino (junto con Susana Goldmann quien se ocupó de la transcripción en alemán y la versión al castellano) no es una traducción ni clásica ni romántica, sino que propone un recorrido por la construcción del texto para, como dice el propio autor, presentar las formulaciones freudianas en estado naciente, ya que, como dijimos “el borrador lleva la marca de pensamientos urgidos por lo real del psicoanálisis”.

Esta serie de traducciones está enmarcada en un proyecto: lograr transmitir la lengua freudiana, que no es ni científica, ni romántica, ni médica ni religiosa. Es de Freud, es su estilo. Hablar de un proyecto implica hablar de un conjunto de ideas y convicciones a partir de las cuales se traduce, en los cuales se tiene en cuenta las intenciones del autor, el uso que hace de las palabras, su retórica, así como también las intenciones del texto. Con esto último quiero decir que es fundamental en este trabajo de traducción lograr transmitir el efecto que causa el texto original. Es una apuesta. Y es una apuesta donde necesariamente algo se pierde. Porque, como dice Umberto Eco, todo traductor es un negociador que siempre va a perder. Y esto ocurre porque toda traducción tiene un punto de imposible. Por eso mismo también es imposible intentar una traducción literal, ya que siempre hay un resto, algo que escapa y que no se puede aprehender en el idioma de llegada. La búsqueda obstinada de literalidad es la búsqueda de lo idéntico a sí mismo, es la loca búsqueda del “esloqués”, cómo decía Lacan. Y es en la respuesta a qué se hace con ese resto lo que determina también el estilo de una traducción. Y eso lleva al traductor a tomar decisiones. Decisiones donde debe tener en cuenta, entre otras cosas, el problema de la terminología y su contexto, el trabajar con un glosario o según el modo o el lugar donde los términos aparecen. También teniendo en cuenta que la traducción debe contener y respetar algo del enfrentarse a la extrañeza de un texto extranjero. Porque Freud no era argentino. Freud hablaba alemán, un alemán ya antiguo y escribía con letra antigua. Por supuesto que era hijo de su época, lo que no le impidió tener un estilo propio, como ya dije. Y tal vez uno de los secretos del estilo de Freud era su genialidad para crear neologismos. Sí, porque se habla mucho de los neologismos de Lacan pero poco de los de Freud. Y Freud supo decir lo nuevo con un lenguaje habitual, corriente en la época pero otorgándole nuevos sentidos, revelando nuevas posibilidades a las palabras, es decir, enriqueciendo nuestro universo simbólico.

Hablé recién de decisiones, y todo este libro nos muestra en sus notas al pie, comentarios, etc. que cada una de ellas ante un término que plantea cierta dificultad, fue tomada con la seriedad y precisión a la que Juan Carlos nos tiene acostumbrados en sus estudios de la obra de Freud.

Transmitir la lengua freudiana es, por último, transmitir un empuje, aquello que con esta edición se muestra y que es lo que llevaba a Freud a no retroceder ante eso que lo interrogaba en su clínica. Por eso traducir a Freud implica un trabajo de precisión y no de literalidad. Porque, y aquí nuevamente podemos seguir a Borges, la necesidad de literalidad en las traducciones nace con el problema de traducir la Biblia. ¿O acaso es que está permitido tergiversar la palabra de Dios? Es entonces necesario plantear el problema dentro del psicoanálisis y pensar qué ocurre con las traducciones de Freud y también las de Lacan. ¿Tal vez sea esta una clave que nos permita pensar por qué varias instituciones psicoanalíticas se tornan fácilmente religiosas? Por lo pronto, esta que presentamos hoy no tiene nada ni de religiosa ni de científica, es decir, tampoco es exacta. Es una traducción, insisto, precisa, que no sostiene la identidad sino la diferencia, que se precisa para estudiar seriamente psicoanálisis. Y Cosentino nos brinda, y eso queda plasmado en todo el trabajo de notas y comentarios que nos entrega, una lectura del texto de Freud que está a la altura de la importancia que tiene el texto, algo que no es nada fácil lograr. Y en este punto hay que resaltar el anexo que nos brinda este libro, donde queda plasmada la minuciosa lectura que Juan Carlos Cosentino hace del texto de Freud.

Es un texto para leer, investigar, trabajar, que invita a una relectura de la clínica a partir de un momento en la obra de Freud que marca un antes y un después, al ser el primer y fundamental paso que llevará a plantear “una disimetría entre lo reprimido-icc y ese material icc que permanece no-reconocido”.

En 2019 se publicó el cuarto volumen de la colección, titulado Fetichismo y otros textos. Correspondencia: el caso A. B. Manuscritos, documentos inéditos y versiones publicadas. Edición y comentarios: J. C. Cosentino y Lionel F. Klimkiewicz.