Sonoridades
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Inconfesables: Los Teen Tops
por Javier Martínez

Hay confesiones que precisan deshojarse cual margaritas color sepia hasta dar con el centro mismo de aquello que solo puede enunciarse mucho tiempo después.

Como si de mamushkas se tratara, esta es un inconfesable dentro de otro inconfesable más grande: Los Teen Tops, mítica banda de rock mexicana, no fue una excepción que confirmara vaya a saber qué regla, sino uno más de los grupos musicales, junto con la Studio 57 Band, por ejemplo, que se dedicaron a producir discos con versiones de canciones famosas. Mi prima Silvina detestaba que yo escuchara lo que escuchaba: “Sí querés escuchar We are the champions comprate el disco de Queen, no esta cosa espantosa”, sentenció sobre esta última banda. Pero mi tendencia a ser obediente no tenía mucha consistencia.

En un mundo donde la globalización a corto plazo solo estaba en las cabezas de los escritores de ciencia ficción o en las más arriesgadas apuestas científicas, era de esperar que un disco que originalmente fuera editado en 1959 tuviera una larga vida o, mejor aún, un relanzamiento 15 años más tarde. Bajo el nada original título de “Los Más Grandes Éxitos de los Teen Tops”, en una tapa en la que reinaba una moto de cross con el número 69, se aglutinaron varias de las versiones al español que contenían como destacados los dos temas de aquel primer sencillo: La plaga (versión de Good Golly Miss Molly, eternizada por Little Richard, de quien nos ocupamos en ENEUR#42) y El rock de la cárcel (traducción más literal del éxito de Elivs Presley, The Jailhosue Rock). Es interesante pensar que, en nuestra perspectiva latinoamericana, los grandes éxitos castellanizados nos daban una segunda chance: si no lográbamos mover la pelvis como Elvis, al menos nos quedaba la ilusión de poder ser como Enrique Guzmán, el frontman mexicano.