Miradas
« Nota anterior
Nota siguiente »
Las cárceles imaginarias de Giambattista Piranesi
por Alejandro Feijóo

Las c√°rceles imaginarias de Piranesi atraviesan los siglos sin perder un √°pice de su demencial modernidad.

Si di√©ramos por can√≥nicas las palabras de Roberto Juarroz (“El hombre es siempre / el constructor de una c√°rcel. / Y no se conoce a un hombre / hasta saber qu√© c√°rcel ha construido”), lo m√°s natural ser√≠a concluir que Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) es uno de los artistas m√°s transparentes de la historia. Para ello, deber√≠amos permitirnos alguna licencia, como la de interpretar de manera generosa el grupo nominal constructor de una c√°rcel, pues este prol√≠fico arquitecto y grabador veneciano no edific√≥, en sentido estricto, prisi√≥n alguna. Sin embargo, el pu√Īado de proyecciones carcelarias bautizadas como Carceri d’Invenzione (‘C√°rceles imaginarias’) constituye una obra magna que bien equivaldr√≠a a la edificaci√≥n propiamente dicha. En este conjunto de aguafuertes febriles, Piranesi expresa ‚Äďcon iguales dosis de refinamiento t√©cnico e incontinencia ficcional‚Äď los diferentes planos de profundidad de un universo irrealizado que tanto se apoya en los c√≠rculos conc√©ntricos de Dante como se proyecta hacia las artes audiovisuales del siglo xx.

La serie C√°rceles imaginarias tiene su origen en 1745 y culmina con una segunda edici√≥n publicada en 1760 hasta completar las diecis√©is l√°minas. Los grabados se caracterizan por la lobreguez, la profundidad de los espacios y la disposici√≥n laber√≠ntica de los elementos. La fractura continua de la perspectiva y la multiplicaci√≥n de los puntos de fuga configuran una superposici√≥n de planos donde los lados y los extremos mutan sus funciones. “Decoradas” con cadenas, instrumentos de tortura y una sucesi√≥n transversal de b√≥vedas y ojivas, las c√°rceles imaginarias de Piranesi proponen di√°logos de luz y sombra que acaban creando un efecto que no es tanto de horror como de desesperanza. La atm√≥sfera de opresi√≥n, por tanto, no deviene de la exposici√≥n y la crudeza y s√≠ de la ruptura de la escala y la sobreornamentaci√≥n de unos espacios que, con algo m√°s que criterio l√ļdico, han sido calificados como “arquitecturas muertas”.

La intenci√≥n catedralicia de las l√°minas, combinada con un grado de detalle propio del burilador, acaba por dotar a las im√°genes de una fantasmagor√≠a que influy√≥ sobre los artistas rom√°nticos del xix y posteriormente sobre los surrealistas. Tampoco resulta dif√≠cil adivinar el goteo est√©tico de las C√°rceles imaginarias sobre algunas grandes producciones cinematogr√°ficas. Y por supuesto es tambi√©n inevitable recuperar los trayectos imposibles de Maurits C. Escher en el laberinto de escaleras de Piranesi. Con todo ello, no es solo la subversi√≥n de las leyes geom√©trico-espaciales lo que ensancha temporalmente esta serie de grabados. El car√°cter imaginario de las prisiones de Piranesi fuerza la atemporalidad y las proyecta hacia el presente. No es anacr√≥nica la escalera l√≥brega que tuerce sobre s√≠ misma para morir contra el muro o el vac√≠o (a pesar de que Guant√°namo sea una planicie di√°fana y sim√©trica), sino que en tanto invenci√≥n afiebrada esa escalera a√ļn espera ser recorrida por el prisionero que llegar√°, por el que acabar√° llegando.

Salvo en la segunda de las l√°minas, la presencia humana es modesta en las C√°rceles imaginarias. Se trata por lo general de siluetas oscuras de desheredados a los que se expone casi como un contorno, rozando la visibilidad. La mayor√≠a de estas figuras humanas aparecen esclavizadas, v√≠ctimas del cepo, el l√°tigo y las cadenas. Pero otras se adivinan sutilmente perdidas en los pasillos de lo que tres siglos m√°s tarde ser√≠a un proceso kafkiano. A prop√≥sito de Kafka, cabe mencionar que de los cientos de proyectos arquitect√≥nicos ideados por Giovanni Piranesi, solo uno lleg√≥ a ejecutarse. Se trata de la iglesia romana de Santa Mar√≠a del Priorato, reformada (que no construida) seg√ļn sus dise√Īos. El hecho de que bajo sus piedras descansen hoy los restos del veneciano deja trazar una analog√≠a con la suerte del desgraciado de “Ante la ley”, el relato de Franz Kafka incluido en El proceso. Como recordar√°n, un hombre deja su vida ante las puertas de la ley resguardadas por un guardi√°n implacable que, una y otra vez, impide su entrada. Antes de que el hombre acabara por consumirse, el guardi√°n le explica a los gritos: “Solo a ti estaba destinada esta puerta”, esta iglesia, Piranesi, que sobre tus restos se levanta.

 

Las c√°rceles imaginarias de Piranesi en 3D (Gregoire Dupont, Estudio Factum Arte)