Sonoridades
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Canciones carcelarias
por Alejandro Feijóo

En su empeño por anular la libertad que tanto anhela, el ser humano construye una y otra vez encierros que por deseados se vuelven realidad.

Cosa fácil es elaborar una lista de canciones cuyo tema ronde el asunto del encierro de personas. Basta con acercarse al blues para comprobar que música y privación de la libertad son las dos orillas del maltratado Mississippi. No por casualidad el blues nació con las cadenas en las muñecas de unos y los látigos en las de los otros. Sin embargo, el ser humano ha desarrollado una capacidad prácticamente inagotable para sentirse encarcelado sin necesidad de rejas que impidan su escape. A la par que hemos expandido nuestros horizontes de libertad, también hemos engordado las prisiones, las imaginarias, las amorosas, las del dolor. Qué mejor que la música, en tanto expresión artística, para expresar la universalidad de las prisiones privadas. Ya lo confesó el poeta urbano: “Estoy encerrado en mi prisión de carne y hueso”.

John Frusciante
“Scratch”
Enclosure (2014)
También conocido como “John Sufriente”, la biografía de Frusciante es particularmente rica en encierros y correspondientes redenciones. Su discografía solista, es decir, los paréntesis entre retorno y retorno con los Red Hot Chili Peppers, es prácticamente un catálogo del padecimiento. Ya desde el propio título, Enclosure cumple a la perfección con la consigna del encierro. La portada, el propio Frusciante terminando de pintar un grueso círculo rojo con él dentro, anuncia un disco claustrofóbico, de escucha difícil, con unas bases sonoras al borde de la esquizofrenia. “Scracht”, el tema que cierra el álbum, es uno de los más digeribles. Marca de la casa.

 

 

Tin Machine
“Prisoner Of Love”
Tin Machine (1989)
Este tema es una debilidad del abajo firmante. Moría la década de los años ochenta y David Bowie ya había cumplido su sueño más preciado: convertirse en un astro planetario. Let’s Dance (1983) y Tonight (1984) habían alimentado de tal manera su ego y su cuenta corriente que hasta se dio el lujo de editar el irregular Never Let Me Down (1987). Tras él, hizo exactamente lo contrario a lo que hubiera hecho cualquier estrella de su calibre: volverse anónimo y, por primera y única vez en su carrera, refugiarse en una banda. La crítica trató con bastante severidad los dos discos de Tin Machine. Un juicio a todas luces injusto. La explosión del grunge en la década siguiente volvió a darle la razón al astrólogo del rock. Una vez más, él lo había visto antes.

 

 

Lucinda Williams
“Jailhouse Tears”
Little Honey (2008)
Lucinda Williams ha escrito más de una página de la enciclopedia de la tristeza. Su voz rasposa y esa forma de decir el blues casi redundantemente melancólica la han convertido en un referente ineludible de las prisiones interiores. Y aunque parezca mentira, Little Honey es, según sus propias palabras, un disco optimista, luminoso y de enamoramiento. Como para despuntar el vicio del llorar, este “Jailhouse Tears” narra una historia de desamor necesariamente asimétrica entre un convicto y ella, que no puede sino llorar incontables jailhouse tears. El tema cuenta con la colaboración del señor Elvis Costello, un seguro de vida tanto de este lado como del otro de las rejas.

 

 

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
“Preso en mi ciudad”
Oktubre (1986)
Después del deslumbrante Gulp, Oktubre vino a confirmar, casi sin solución de continuidad, las primeras sospechas: detrás de esa banda de nombre estrambótico se gestaba un fenómeno que acabaría marcando la línea del tiempo del rock nacional. El disco impone de forma muy marcada un salto hacia adelante y a la vez comienza reivindicando el “regreso a octubre”, en un oxímoron que acabaría acompañando a Patricio Rey y compañía: el hacer artesanal frente al pogo más grande del mundo; el celo por la privacidad frente al símbolo estampado en toda remera. Bueno, son argentinos; para qué pedirle peras al olmo.

 

 

Spinetta
“Preso ventanilla”
Un mañana (2008)
Y para el final, un final que es despedida y abrazo. Escuchar a Spinetta después del 8 de febrero de 2012 es volver a encontrarlo tanto como seguir perdiéndolo. Su último disco en estudio contiene esta joyita, vital y hermética, de energía luminosa y poética menos descifrable. “¡Tan solo regresar para reír y llorar, única salida en un mundo que no está!”. Tras esta revelación, no puedo sino hacer mías las últimas palabras de Cesare Pavese: “No escribiré más”.