Sonoridades
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Video sorpresa
El paso por la cárcel bien puede destruir una vida, aunque en este caso nos encontramos con que una inusual visita al presidio sirvió de catapulta a la eternidad.

Si de músicos ligados a las cárceles se trata, el viejo amigo Johnny Cash es el primero de la lista. Su actuación en la prisión de Folsom, California, en enero de 1968, tiene un doble filo: uno, tratarse de una actuación en la que fue la primera prisión de máxima seguridad de EE.UU.; incluso la primera en contar con energía eléctrica, o sea...; dos, por convertirse en el definitivo despegue de Cash, el momento bisagra que le permitió construir un andar que le valió el mote de Rey del country, un reinado en paralelo, nada más y nada menos, al de Elvis. Y si al asunto le faltara algún condimento, el registro fotográfico lo hizo Jim Marshall, pionero y dios de la fotografía de/sobre el/desde el rock.

Poco importó que los antecedentes penales de Cash se limitaran a un par de incidentes menores que nunca lo llevaron a un presidio, aunque haya dormido algunas noches tras las rejas. Lo precedía un recorrido de mucho tiempo dando conciertos gratuitos en cárceles y haber compuesto Folsom Prison Blues, aunque no se tratara de una experiencia personal, salvo que contemos entre ellas ver la película que dio origen a su composición. Fue el primero de sus tres discos grabados en el interior de una penitenciaría. La siguiente sería en la mitológica San Quintín; redoblando la apuesta y la fama de ser respetado por forajidos y asesinos. Nada menor si el resultado de la mezcla del audio de ese día no fuera concebido para ser el sustrato de semejante fama.

Pero ese álbum contenía otra interesante historia: la de Glen Sherley, quien estando preso en Folsom, grabó The Greystone Chapel, una canción sobre la capilla de ese presidio. La noche anterior a la grabación del vivo de Cash, un predicador amigo le acercó a este una cinta con la canción de Sherley. Ni lento ni perezoso, Johnny decidió que era una gran idea incluirla en su show del día siguiente y se la aprendió. El día siguiente, hizo sentar a Sherley en la primera fila, totalmente ajeno a lo que sucedería luego, cuando el cantante lo anunciara como el autor de la canción que cantaría a continuación. Al salir de prisión devino en cantante de country pero nada de eso bastó para disuadirlo de cometer suicidio a los 42 años.

En estos tiempos del imperio de las pantallas y la imagen, nos resulta casi inconcebible que no exista registro visual cierto de ese momento. Por eso elegimos para esta ocasión este video, que si no es de la propia cárcel de Folsom, es lo más cercano en tiempo y formas. El concierto en San Quintín ya lo encontrará con un dominio del público carcelario de tamaño calibre, donde se lo nota cómodo y muy desenvuelto, como pez en su agua.