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Traductores
por Jota G. Fisac

Los vaivenes imprevisibles de un manuscrito y su traducci√≥n ponen de manifiesto que ni siquiera de nuestras palabras somos due√Īos.

Para Alejo

Me cuenta mi amigo el escritor que va a denunciar al traductor por apropiarse de su novela Los ni√Īos del fr√≠o. La novela fue traducida al alem√°n sin haber sido publicada en espa√Īol, pero la denuncia no ser√° contra el traductor al alem√°n, que consigui√≥ que el libro tuviera cierta repercusi√≥n de cr√≠tica y p√ļblico en Alemania, sino contra el traductor al espa√Īol. S√≠, aclara cuando le muestro mi extra√Īeza, la traducci√≥n al espa√Īol de una novela escrita originalmente en espa√Īol. Pero tiene su explicaci√≥n.

Los ni√Īos del fr√≠o permanece in√©dita. Fue rechazada por varias editoriales y no logr√≥ asomar el cuello en ninguno de los concursos a los que mi amigo la envi√≥. Por mediaci√≥n de un antiguo compa√Īero de facultad establecido desde hace a√Īos en Berna, surgi√≥ la posibilidad de traducirla al alem√°n para intentar publicarla en una editorial independiente de Berl√≠n que estaba empezando a construir su cat√°logo. Encantado con la idea, se pusieron manos a la obra. Los ni√Īos del fr√≠o se tradujo al alem√°n y se public√≥ bajo el t√≠tulo de Kinder der K√§lte, obteniendo en pocas semanas cierta repercusi√≥n en los c√≠rculos literarios del pa√≠s. Llegaron a venderse m√°s de treinta mil ejemplares en muy pocas semanas, y una de las m√°s prestigiosas revistas literarias alemanas mencionaba el acontecimiento como el m√°s importante debut de un autor espa√Īol en el √ļltimo lustro. Unos meses despu√©s, el rastro de la novela segu√≠a brillando, y en el consejo de una de las editoriales que hab√≠a rechazado Los ni√Īos del fr√≠o, alguien coment√≥ que hab√≠a o√≠do hablar de una excelente novela publicada en Alemania, el debut de un autor espa√Īol in√©dito en su lengua. No es que tuviera mayor importancia el hecho ins√≥lito de que un libro exista antes en su versi√≥n traducida a otra lengua que en la versi√≥n original, pero la existencia del original pudiera parecer necesaria para entender del todo la existencia de la traducci√≥n. El asunto interes√≥ y le ofrecieron a mi amigo publicarla en espa√Īol, que al fin y al cabo era la lengua original de la novela.

Mi amigo acepta el ofrecimiento de la editorial y se pone en sus manos. Le piden el manuscrito para leer el texto, aprobarlo e iniciar el proceso de edici√≥n. Cuando se dispone a enviar a la editorial el archivo con la novela, no lo encuentra. Quiz√° el caos que lo acompa√Īa en su trabajo de escritor le juega esa mala pasada, o tal vez se extravi√≥ en el traj√≠n de enviarlo a Berl√≠n, v√≠a Berna, para su traducci√≥n. El caso es que no encuentra el manuscrito en su ordenador, ni tiene copia de seguridad, no suele gastar tiempo en ese tipo de cosas. Tampoco est√° en ninguno de los discos duros port√°tiles desperdigados por su mesa, ni tiene una copia en papel, porque no lo imprimi√≥. Y lo que es m√°s grave, no lo registr√≥ en la Oficina Espa√Īola de Patentes y Marcas. Hab√≠a realizado ese tr√°mite con otros muchos textos, pero cansado de su inutilidad, ya que no hab√≠a conseguido publicar ninguno de ellos, se le pas√≥ hacerlo con Los ni√Īos del fr√≠o. Su contacto en Berna tampoco lo tiene, lo elimin√≥ despu√©s de envi√°rselo al traductor, pero solo han pasado unos meses y sin ninguna duda el traductor alem√°n conservar√° el original con el que trabaj√≥. Cuando tratan de ponerse en contacto con √©l, se enteran de que ha muerto. Un incendio en su casa mientras dorm√≠a acab√≥ con su vida y con su ordenador, que result√≥, como su biblioteca, abrasado por las llamas.

Es rid√≠culo, pero es as√≠: ha escrito una novela titulada Los ni√Īos del fr√≠o y solamente es autor de Kinder der K√§lte, su traducci√≥n al alem√°n. Menos mal que se public√≥ en esa lengua, de lo contrario la novela se habr√≠a perdido para siempre, no existir√≠a. Como no encuentra una soluci√≥n, mi amigo le comunica a la editorial lo ocurrido. El editor no puede creerlo, pero decide seguir adelante con la √ļnica posibilidad que se le ocurre para recuperar Los ni√Īos del fr√≠o: traducir Kinder der K√§lte al espa√Īol. Encarga la lectura del texto en alem√°n a un traductor de su total confianza. El informe de lectura se√Īala una novela brillante y extraordinaria, escrita en un alem√°n po√©tico y a la vez eficaz, y recomienda encarecidamente su traducci√≥n. El editor quiere que ese nuevo texto remplace efectivamente al original perdido, no que sea una traducci√≥n del texto en alem√°n, sino que sea el original mismo del que √©ste procede. Llega a un acuerdo con su traductor: ser√° una traducci√≥n en negro, oculta, inexistente, por supuesto sin contrato. Ello, lejos de abaratar costes, los incrementa, porque el traductor pone un alto precio al anonimato. Se ponen finalmente de acuerdo y se inicia la traducci√≥n al espa√Īol de Kinder der K√§lte. Meses despu√©s, cuando la editorial le env√≠a el texto de Los ni√Īos del fr√≠o reci√©n traducido del alem√°n, mi amigo queda sumido en un shock tras su lectura. No reconoce su novela; el escenario y la trama, los nombres de los personajes y sus datos biogr√°ficos, las localizaciones, la divisi√≥n en cap√≠tulos o unidades narrativas de una extensi√≥n similar, todo eso permanece de forma reconocible, pero el punto de vista, cierta polifon√≠a que est√° convencido hab√≠a conseguido darle a su narraci√≥n, no est√° en absoluto en el texto, que a causa de ello se ha transformado por completo. No, esa no es su novela. No la acepta como suya, ni est√° dispuesto a permitir su publicaci√≥n.

Nos hemos preguntado si fue la traducci√≥n de Kinder der K√§lte al espa√Īol la que transform√≥ la obra original o fue la traducci√≥n al alem√°n del manuscrito de Los ni√Īos del fr√≠o enviado a Berl√≠n la que provoc√≥ el inevitable distanciamiento entre ambos textos. Quiz√° eso ya no importe, nunca podremos saberlo porque el original ya no existe y no es posible compararlo con la traducci√≥n que se acaba de hacer. Solo se nos ocurre una soluci√≥n para tratar de saber qu√© es lo que ha pasado: traducir al alem√°n el texto de la reciente traducci√≥n al espa√Īol de Kinder der K√§lte y comparar ambos textos en alem√°n. Quiz√° ese contraste aclare algo, aunque lo m√°s probable es que lo complique todo a√ļn m√°s. No obstante, mi amigo lo plantea en la editorial, pero el editor est√° harto y no quiere saber nada m√°s del asunto, que considera cerrado por completo.

Entretanto, el traductor al espa√Īol de Kinder der K√§lte, ante la negativa del autor a aceptar esa como su novela, cambia el t√≠tulo de la obra, los nombres de los personajes y las localizaciones, altera sustancialmente la composici√≥n en cap√≠tulos, crea un narrador por encima de las voces de los personajes y registra la obra a su nombre bajo el t√≠tulo de El veneno de las palabras. La novela se acaba de publicar en una editorial nueva que un amigo suyo ha puesto en marcha y se est√° convirtiendo en uno de los libros del momento. De ah√≠ el pleito de mi amigo, que sigue insistiendo en la demanda a pesar de que los abogados le dicen que no tiene nada que hacer.