Blablabl√°
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Te voy a llamar desde otro celular
por Gabriel Tuñez

Las sombras que surgen de los restos del naufragio siguen acechando con sus oscuros vientos tormentosos.

Yo s√© en qu√© lugar de la mesa come Dar√≠o porque all√≠ no hay migas, restos de comida ni manchas. Tampoco hay nada en esa porci√≥n de piso que rodea a su silla, tanto sea en un bar, en un restaurante o en mi casa, como anoche. Y no es que √©l sea una persona extremadamente prolija en el resto de las cosas que hace. Sus cuadernos de escuela, lo s√© perfectamente porque fue mi compa√Īero de banco varios a√Īos, eran un esc√°ndalo: tachaduras, borrones, p√°ginas perforadas, colores chillones. Sus carpetas no ten√≠an anillos sanos, a las lapiceras les faltaba su capuch√≥n y las cartucheras, siempre con lamparones de tinta. Su mam√°, Norma, se quejaba de las manchas de su ropa y √©l no ten√≠a respuesta para darle cada vez que ella le preguntaba mostr√°ndole, pongamos, una remera: ¬ŅY √©sta c√≥mo te la hiciste? Dar√≠o se le acercaba, le palmeaba la espalda y buscaba tranquilizarla.

Yo iba mucho a su casa, sobre todo en la √©poca de la secundaria. Dar√≠o hab√≠a sido uno de los primeros a mediados de los 80 en tener una computadora, que b√°sicamente usaba para jueguitos de f√ļtbol, boxeo o carreras. Y como √©l viv√≠a cerca de la escuela, cada hora libre o ausencia de un profesor nos √≠bamos a su casa aprovechando, adem√°s, que su mam√° trabajaba desde la ma√Īana temprano en un ministerio.

Tambi√©n nos ve√≠amos los fines de semana porque √©ramos socios del mismo club, donde nos pas√°bamos s√°bado y domingo jugando a lo que fuera con tal de que el tiempo corriera tan lento que pudiera verse. Cuando empezaba a anochecer, volv√≠amos caminando planeando qu√© podr√≠amos hacer al d√≠a siguiente o repasando cu√°ntas materias no hab√≠amos estudiado. Como a m√≠, a Dar√≠o no le gustaba bailar, as√≠ que los s√°bados a la noche √≠bamos a recitales: Las Pelotas, Divididos, Memphis, Todos Tus Muertos, Ataque 77, Cemento, Prix D’ Ami, Roxy y Obras. Nos qued√≥ pendiente ver a Sumo.

Seguimos siendo amigos en la adultez. √Čl estudi√≥, alternativamente, Sociolog√≠a, Antropolog√≠a y Psicolog√≠a, pero termin√≥ trabajando en una agencia de seguridad privada. No como agente ni nada de eso, sino en Recursos Humanos.

‚ÄďTe imagin√°s la gente que labura ah√≠, ¬Ņno? De la pesada, ex Bonaerense, de la Federal. El due√Īo es un ex comisario, un poronga.

√Čl sabe que yo s√© de qu√© habla. Qu√© significa ser un poronga o de la pesada. Espionaje, seguimientos, aprietes, palizas, alg√ļn tiro en las piernas, custodia a millonarios, en countries, encubrimiento, robos para “mantener un presupuesto” y hasta tipos con antecedentes en los 70.

‚Äď¬ŅQu√© hac√©s ah√≠? ‚Äďle pregunt√© mil veces y tambi√©n anoche, cuando en la cena cont√≥ el armado de todo el operativo que termin√≥ con tres pibes, ninguno m√°s de 20 a√Īos, baleados a tres cuadras de un boliche, seg√ļn los diarios en “un ajuste de cuentas narco”.

‚ÄďVienen a la oficina y me cuentan. Creen que soy psic√≥logo y me cuentan todo. Algunos se quiebran, claro, pero no sab√©s las cosas que dicen. Hasta me anticipan lo que van a hacer. Es insoportable saber todo eso. Lo peor es que a veces creo me estoy acostumbrando, que ya no me impresiona nada.

‚Äď¬ŅTe est√°s analizando? ¬ŅCon qui√©n habl√°s de esto? ‚Äďle insist√≠ al verlo abrumado, angustiado, con miedo.

‚ÄďNo, no puedo decirle esto a nadie. A nadie. Bueno, te lo estoy contando ahora a vos, pero imaginate que de lo que s√©, esto que charlamos es un 10 o 15 por ciento.

‚ÄďJunt√©monos en la semana ‚Äďle propuse mientras hac√≠a el caf√© y ordenaba los platos de la cena. Est√°bamos solos en la cocina porque el resto charlaba en la mesa.

‚ÄďMa√Īana te llamo y arreglamos. Pero te voy a llamar desde otro celular, ¬Ņs√≠? Termina en 86, pero no te lo puedo pasar. No conviene que lo agendes ‚Äďcontest√≥.

No supe si abrazarlo o qué. Me concentré en no derramar el café en los pocillos. Darío se ofreció a llevar la bandeja al comedor, pero me pareció que temblaba un poco.

‚ÄďMejor agarr√° lo que trajiste. ¬ŅQu√© son? ¬ŅAlfajorcitos? ¬°Qu√© rico!

Puse todo el √©nfasis optimista que pude en la frase. Hab√≠a que borrar lo que flotaba en el ambiente de la charla anterior para que nadie en la mesa dijera: “Qu√© caras tienen ustedes dos. ¬ŅEn qu√© andan?”.

Repaso todo mientras barro las migas que quedaron el piso del comedor despu√©s de la cena. La mesa de madera que hice con tablones de pinotea tiene manchas de vino y helado, de salsa y chocolate. El √ļnico lugar sin rastros de comida es donde se sent√≥ Dar√≠o. Pienso en c√≥mo estar√° √©l, en qu√© decirle cuando me llame hoy y me asombro otra vez de su capacidad para no ensuciar nada al comer. Hay, me parece ver, algo blanco que sobresale del borde de la mesa. Me agacho. Es un papelito enrollado y metido en un agujero de la madera. Intento pellizcarlo con los dedos, pero no puedo. Est√° muy bien escondido. Voy a buscar una pincita al ba√Īo. ¬ŅQu√© ser√° eso? ¬ŅDesde cu√°ndo estar√° ah√≠ que no me di cuenta? Quiz√°s lo puso alg√ļn amiguito de Tom√°s. Claro, seguro que es eso. Vinieron a estudiar el otro d√≠a. Vuelvo con la pincita, me agacho y el borde de la mesa queda a la altura de mis ojos. Paciencia, me digo, paciencia para que no se rompa el papel. El agujero es profundo, as√≠ que voy a tener que masillarlo. Pero cu√°ndo se hizo este agujero. Ah√≠ va, ya lo tengo. Me siento y lo desenrollo. Est√° escrito. La tinta pas√≥ hacia el otro lado de la hoja. Es la letra de Dar√≠o.

Dice:

“Si ma√Īana no te llamo, cuid√° a mi vieja. Te quiero, flaco”.