Sonoridades
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Canciones vineras
por Alejandro Feijóo

Las brumas alcohólicas han acompañado desde siempre a las composiciones musicales, sin que haya supuesto un perjuicio para estas, sino más bien lo contrario.

“Brindo porque me olvido los motivos porque brindo”, cantaba el poeta urbano… Y es que no hay abstemio que lo niegue: el vino y, en general, las bebidas alcohólicas forman parte indisoluble de la cultura rock. Sin llegar a los extremos de un Pomelo que hoy pace en las praderas de MasterChef (o llegando a ellos, cómo qué no), exceso, alcohol y el resto de inimaginables estupefacientes constituyen la base amébica sobre la que se ha formado gran parte de la leyenda. Sondear en las conexiones entre delirio, éxito y patetismo llevaría mucha más extensión que este humilde recorrido por canciones “vineras”. Disfrutemos, pues, de este maridaje al pie de una copa de roja sangre sagrada a temperatura ambiente.

The Rolling Stones
“Sweet Virginia”
Exile on Main St. (1972)
La historia de este disco ya es Historia del rock. Hastiados de éxito, tras haber publicado varias de las mejores placas de su carrera, Jagger, Richards y amigos cruzaron el charco para instalarse en una mansión del sur de Francia, donde supuestamente se encontrarían tan lejos de distracciones como del fisco inglés. Lo que allí consiguieron, en ese ambiente bucólico y sin embargo no exento de excesos, fue el álbum más brillante de su carrera. Tanto es así que incluso consiguieron desmentir la opinable máxima de que “si hay trompeta, no es rock”. “Gracias por tu vino, California” declama Mick en esta preciosa balada folk que se coronó de unplugged mucho antes de que la MTV encendiera su máquina de hacer chorizos semiacústicos.

 

 

Divididos
Sobrio a las piñas/Quién se ha tomado todo el vino”
Gol de mujer (1998)
Mientras la Argentina se encaminaba, otra vez con paso firme, rumbo a su despedazamiento, la aplanadora del rock publicaba su quinto disco, una placa brutal y acaso críptica, donde desplegaban el más folclórico y a la vez paródico de sus registros. El hallazgo de incorporar al rock el estribillo de unos de los incunables del cuarteto cordobés ha hecho de esta canción uno de los imperdibles en los recitales de Divididos. Así, el “éxodo hepático a la frontera con Capital” se funde con el imaginario provincial para acabar componiendo, digamos, un himno federalista.

 

 

Gov’t Mule
Tastes Like Wine”
Life Before Insanity (2000)
Gov’t Mule (apócope de Government Mule, también conocido simplemente como Mule) es un grupo de rock y blues sureño surgido como una escisión de The Allman Brothers Band. Su líder es Warren Haynes, un guitarrista enorme que en vivo (me consta) multiplica su energía hasta agotar a su público a base de riffs y solos virtuosos. No es casual, entonces, que Gov’t Mule haya cimentado gran parte de su gloria sobre recitales eternos que forman parte de giras que empalman una con otra hasta convertirse en un único y esencial tour. Este Tastes Like Wine” constituye un ejemplo nítido de lo que ofrecen Haynes y amigos: un blues hipnótico con raptos eléctricos trazado por una voz desgarradora que convierte en melancolía todo lo alegre que entona.

 

 

La máquina de hacer pájaros
Por probar el vino y el agua salada”
La máquina de hacer pájaros (1976)
“Chau, loco, chau, chau” se despidió García en septiembre de 1975 a la multitud congregada en el Luna Park. Y con ese grito cerraba su etapa de Sui Generis y acaso la edad de la inocencia, tal y como quedaría sangrientamente demostrado pocos meses después. Si algo nos había dejado Instituciones, el último disco de Sui Generis, es que el vuelo musical de Charly excedía con creces los límites del dúo folk. Su siguiente parada fue en los andenes de La máquina de hacer pájaros, un megagrupo que por entonces era tachado de “progresivo” y que veía la luz con un disco homónimo, famoso en la época por la historieta de la tapa firmada por Crist. Este tema, de una delicada dulzura electroacústica, nos convoca a partir y olvidarse de ser rey y ser feliz.

 

 

Cream
Sweet Wine”
Fresh Cream (1966)
Antes de formar parte de Cream en 1966, Eric Clapton ya era un guitarrista pretendido y codiciado, debido a su paso por The Yardbirds y la banda de John Mayall. El nuevo trío (Clapton, Ginger Baker en la batería y Jack Bruce en bajo y voces) desembarcó en la entonces efervescente escena londinense con su disco debut, Fresh Cream, del que extraemos este “Sweet Wine”. La intro de lo más beat y su posterior desarrollo coral van dejando paso a la crudeza de un rock en el que destacan la línea enloquecida de Baker y el punteo desgarrador de un Clapton insultantemente joven. La trayectoria de Cream fue tan fugaz como lo es la turgencia de una crema batida, pero su rastro iluminó a docenas de bandas que hoy conforman el Olimpo del rock duro.